Monday, May 21, 2012

Thousand of people moved by the earthquake in the north of Italy

Más de 3.000 personas han dormido esta noche fuera de sus casas en la región de Emilia-Romaña, en el norte de Italia, después de que un terremoto de 5,9 grados en la escala Richter sacudiera la zona a las cuatro de la madrugada del domingo. Protección Civil, que ya alojó en barracones a buena parte de los desplazados esta noche, está preparando cerca de 4.500 camas en escuelas y centros deportivos para hoy. El traslado y alojamiento de los afectados, así como la evaluación de daños, se está complicando en las últimas horas por la incesante lluvia en toda la región.

Aparte de los que han tenido que abandonar sus casas por los daños del terremoto, muchos han pasado la noche en sus coches, por temor a las réplicas que ayer no cesaron en todo el día y probablemente continuarán este lunes.

El terremoto solo duró unos 20 segundos. Siete personas murieron y medio centenar resultaron heridas, ninguna de gravedad. El temblor tuvo su epicentro 36 kilómetros al norte de la capital regional, Bolonia, entre las provincias de Módena y Ferrara, en una zona poco poblada, de cultivos y naves industriales. También por eso, el seísmo tuvo consecuencias menos graves que el de 2009, cuando [la tierra se rompió justo bajo L'Aquila,][1] matando a 308 personas y provocando daños inmensos a edificios y viviendas.

Ayer ya había comenzado a llover sobre Sant'Agostino, un pueblo de frutales y chimeneas industriales que nunca se apagan, la localidad más afectada por el seísmo. La tierra, como en toda la zona, no paraba de temblar durante la jornada después del seísmo. A las 15.18, una réplica de magnitud 5,1 grados en la escala de Richter asustó de nuevo a sus habitantes, que volvieron a dejar sus casas y a reunirse en corros a lo largo de las calles principales. Capuchas, paraguas y dientes que tiritaban por el viento frío o por el susto, ojos impotentes que asistían al derrumbe parcial y lento del edificio rosado que acoge el Ayuntamiento. A las 19.40, se sintió una nueva sacudida.

"Una evolución sísmica normal", comentaba Stefano Gresta, presidente del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología italiano (INGV), que desde Roma coordinó la información y los datos sobre el enésimo terremoto que sufre el país. La sacudida principal, la de las 4.04 de la madrugada del domingo, fue precedida por otros dos movimientos sísmicos y luego continuó con varias decenas de temblores. Cuando la tierra se fractura, genera una sacudida principal y otras que comúnmente se llaman "de asentamiento". "No podemos descartar que siga durante varios días", explicaba recordando que en el norte de Italia los fenómenos sísmicos no son infrecuentes, pero "el último tan potente en esta zona fue en 1570".

Los vecinos tenían miedo a quedarse en casa. Velentina Lazzari, de 28 años, abría los ojos como platos: "Me despertó un zumbido extraño, como si un tren estuviera pasando a toda velocidad bajo mi cama. Luego, un temblor de una veintena de segundos. Una sensación horrible. No tenía ni idea de cómo actuar". Muchos decidieron dormir en los coches o alejarse de la zona. "Ya no vamos a entrar [en casa] más. Acabo de llamar a los bomberos y no vuelvo hasta que controlen esa grieta en la pared", exclamaba Clara Bonfà, de 55 años, frente a la puerta de su casa: una bonita fábrica de ladrillo visto, junto a campos de cerezas y trigo.

### Cuatro obreros, dos ancianas y una mujer alemana

Cuatro de las siete víctimas mortales eran obreros, sorprendidos por el terremoto. El techo se les vino encima. Nicola Cavicchi, de 35 años, tenía que irse a la playa ayer. Finalmente, decidió sustituir a un colega enfermo en la fábrica Cerámicas Sant'Agostino. Murió aplastado a las cuatro de la madrugada. Su compañero Leonardo Ansaloni, de 51 años, estaba en su puesto, en el departamento de cocción, y también murió bajo lo que ahora es un enredo de láminas blancas, ladrillos, cajas de baldosas listas para ser comercializadas y pilares de metal azul.

Gerardo Cesaro no llegaba a los 60 años y era obrero en una fundición de aluminio en Dosso, un barrio de Sant'Agostino. Cuando la tierra empezó a temblar fuerte, sus compañeros tuvieron tiempo de salir, pero él estaba concentrado en la limpieza de un horno que no debía apagarse. A Tarik Nauc, trabajador de origen marroquí de 29 años, lo mató una viga en un establecimiento de Bondeno, otra localidad de la provincia. Le faltaba una hora para terminar su turno. La fiscalía abrió una investigación para entender por qué plantas de apenas 20 años se han hundido como juguetes aplastados por un niño travieso.

Otras dos víctimas son una mujer de más de 100 años y una octogenaria que había sido hospitalizada tras el terremoto de la madrugada. La séptima víctima es una mujer alemana, Gabi Ehsemann, de 37 años, que se encontraba en Italia por motivos de trabajo y sufrió un percance provocado por el pavor.

El terremoto provocó "ingentes y difusos daños a bienes culturales, estructuras públicas, ayuntamientos y viviendas", según el jefe de Protección Civil, Franco Gabrielli, que se desplazó a la zona desde Roma. En Finale Emilia se desplomó la torre del reloj. Muchas iglesias resultaron dañadas, como la de San Felice sul Panaro, en Módena, que perdió su histórico campanario. Secundando las recomendaciones de Gabrielli, como en muchas iglesias de la zona, en la puerta de madera de la de Sant'Agostino, bien cerrada, colgaba un gran cartel: "La Santa Misa se va a celebrar en la sala parroquial aquí al lado".

[1]: http://internacional.elpais.com/internacional/2009/04/06/actualidad/1238968802_850215.html

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