Thursday, May 3, 2012

Stock-market falls by the distrust in the financial sector

"Señor director: las noticias sobre mi muerte son completamente exageradas", escribió Mark Twain en un periódico que había publicado su obituario antes de tiempo. Algo parecido puede decirse del euro, y últimamente de la banca y de la economía española, que han sido rescatadas varias docenas de veces en la prensa continental, y varios centenares en la anglosajona. Y sin embargo, como dicen los economistas, "a la larga todo problema de liquidez se convierte en un problema de solvencia": si la presión se mantiene, un accidente es cada vez más probable. Lejos de suavizarse, esa presión va a más: la Bolsa española cayó ayer a plomo, hasta mínimos de los tres últimos años, por el correctivo sobre el sector financiero. Los bancos se dejaron hasta un 5% en algunos casos, como Bankia, la entidad más afectada.

El ataque de pánico afectó también a la prima de riesgo (la diferencia entre los intereses que paga España por su deuda y los que paga el país más seguro, Alemania), siempre con el mismo telón de fondo: el miedo a la debilidad de la banca. El ministro de Economía, Luis de Guindos, salió en Bruselas a la defensiva contra toda esa marea: "Las entidades españolas están claramente por encima de todo, incluso de los niveles más exigentes de solvencia".

Guindos asistió al Ecofin, la cumbre de ministros de Economía y Finanzas, que debía avanzar en la nueva regulación para el sistema financiero europeo: normas más estrictas para evitar los desmanes de los últimos años. Ese "por encima de todo" estaba dedicado a las reglas que va a fijar Bruselas para las finanzas. Pero lo más importante del día para España se produjo antes de ese Ecofin: Guindos se reunió con el comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, a quien rindió cuentas sobre el plan del Ejecutivo para que la banca limpie sus activos inmobiliarios. Ante la prensa, dejó una novedad de calado: reiteró que el Gobierno y el Banco de España fijarán las reglas para que eso ocurra, y explicó que "en principio", "si la valoración es la correcta", no habrá ayudas para facilitar el proceso.

Ese "en principio" es la clave del plan del Gobierno para disipar la desconfianza que genera en los mercados internacionales. Guindos no dio más detalles, pero aseguró que Almunia sabe que España "va a cumplir toda la normativa de ayudas de Estado".

Veamos: el Gobierno ha exigido al sector 54.000 millones en provisiones para que el precio de los activos inmobiliarios refleje el valor real de mercado (con depreciaciones del 80% para el suelo, el 65% para las promociones y el 35% para los pisos terminados). Además, si se crea un banco malo (como estudia Economía) y el Estado tiene que inyectar capital, puede haber ayudas públicas: si las caídas de precios son mayores de las que puede soportar una entidad financiera, el Estado podría subvencionar a los bancos. "En principio, si la valoración es la correcta, son operaciones de mercado", dijo Guindos. El problema es que hay quien no se fía: algunos analistas creen que el Estado, o la UE, acabará poniendo dinero, con cifras que van de los 60.000 a los 80.000 millones, en los casos más realistas.
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