Sunday, May 13, 2012

Russian writers of success lead the march by the freedom in Moscow

La protesta ciudadana por las actuaciones policiales de la última semana, desde la violenta dispersión de un mitin en vísperas de la toma de posesión del presidente Vladímir Putin, adquiere nuevas y más creativas formas. Este domingo han sido escritores célebres y traducidos quienes han organizado una "caminata de reconocimiento" por el centro de Moscú para comprobar por sí mismos si podían ejercer su derecho a pasearse libremente por su ciudad. Para evitar conflictos con las autoridades municipales, los escritores dieron el nombre de "caminata" o "paseo" a lo que en realidad era una marcha por la libertad, la democracia, el derecho de expresión y de reunión, que tan menoscabados se han visto desde el 6 de mayo, fecha en la que los enfrentamientos entre policías y manifestantes se saldaron con varias decenas de heridos y centenares de detenidos.

A esos altercados siguieron, al día siguiente, redadas para "limpiar" de posibles ciudadanos críticos la ruta que Putin debía seguir hasta el Kremlin y nuevas detenciones el 9 de mayo. Lejos de arredrarse, los moscovitas han seguido saliendo a la calle, ora en un sitio ora en otro, y desde el día 9 se turnan en una sentada permanente junto a la estatua del poeta y filósofo Abai Kunanbáyev (1845-1904), uno de los padres de la literatura en lengua kazaja.

Entre los autores que echaron a andar por los bulevares el domingo estaba Borís Akunin (apodado _Grigori Chjartashvili_), famoso por sus novelas superventas histórico-policiacas. Estaba también la muy premiada Liudmila Ulítskaya (de la que en España se han traducido _Sóniechka_, _Los alegres funerales de Alik_ y _Mentiras de mujeres_), el prolífico Dmitri Bykov, capaz de escribir manifiestos en verso y de reunir a miles de personas en veladas político-poéticas. Iba además Lev Rubinstein, poeta conceptualista (en España se tradujo su _Catálogo de novedades cómicas_), Yevgueni Bunimóvich, presidente de la bienal de poesía de Moscú y defensor de los derechos de la infancia en Moscú, y Dmitri Glujovsky, superventas de ciencia-ficción y autor de la novela _Metro 2033_ (sobre los supervivientes de una guerra nuclear, traducida también al español). Y no faltó Alexandr Projánov, un nostálgico del imperio con estilo propio. Por su ideología, los escritores, que también iban acompañados de músicos y personajes de la cultura, formaban un grupo variopinto, pero todos estaban unidos por la reivindicación que flotaba en el aire, aunque nadie la coreara a gritos: la libertad.

A diferencia de las refriegas de última semana, la policía ha tenido una presencia mínima y se limitó a controlar el tráfico en algunos cruces. Los escritores echaron a andar junto a la estatua de Alexandr Pushkin y pasearon por los bulevares con cintas blancas prendidas a la ropa. Les siguieron miles de personas (2.000, según la policía, y más de 10.000, según la prensa). Los paseantes formaban un cortejo alegre y distendido. Habían traído libros de sus autores favoritos, para que estos se los firmaran, y llevaban niños, perros, bicicletas y sobre todo prendas y muchas cintas blancas.

Bajo los frondosos árboles de los bulevares, llegaron hasta el monumento al escritor Alexandr Griboyédov y siguieron después hasta el de Abay Kunanbáyev, donde se juntaron con los protagonistas de la sentada Okupai Abay, que rodean la estatua del poeta kazajo, también sin lemas y sin consignas (y, sobre todo, sin tiendas de campaña que el ayuntamiento no toleraría), pero por la misma causa que los escritores. El número de participantes en la sentada ha variado según la hora y aumentado hasta más de 1.500 personas al caer la tarde, en parte para escuchar las conferencias improvisadas que imparten distintos lectores.

El sábado fue muy celebrada una sobre la resistencia pacífica, desde Sócrates a Mandela. Aunque los protagonistas de la sentada hacen analogías con Ocupa Wall Street y la plaza Tahrir de El Cairo, el movimiento ciudadano tiene en Moscú un carácter distinto, afirmaba Bunimóvich, según el cual las protestas como Ocupa Wall Street se distinguen por la presencia de sectores sociales marginales, mientras que en Moscú quienes protestan están más establecidos y no lo hacen por reivindicaciones económicas sino por las libertades de expresión y manifestación y en contra de la hipocresía oficial.

Si bien las autoridades ignoraron la protesta de este domingo, muchos se preguntan cuál será el desenlace del desafío que la sociedad plantea al régimen. Un diputado de Rusia Unida ha presentado a la Duma Estatal un proyecto de ley por el cual las multas por reuniones o manifestaciones ilegales, que actualmente rondan los 50 euros, podrían aumentar hasta más de 25.000 euros.
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