Friday, May 11, 2012

Guatemala will reinforce the combat to the narcotics detective in the border with Mexico

Cuando el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, asumió su cargo el 14 de enero, sorprendió a la ciudadanía con el anuncio de que utilizaría a los _kaibiles_ (tropas de élite) como fuerza de choque para combatir a los carteles del narcotráfico que han encontrado en este país centroamericano una suerte de paraíso, dada la debilidad extrema del Estado.

El solo anuncio causó escozor en una población que no termina de recuperarse de una guerra de 36 años (1960-1996) en la que puso los muertos y cuyas facturas todavía está pagando. Por eso la idea de combatir militarmente al narco dentro de su territorio, habida cuenta de lo que ha ocurrido en México durante los últimos seis años con ese método de combate: 50.000 muertos, se le aparece a los guatemaltecos como una nube sombría.

El inicio de esas operaciones de élite, que tendrán como campo de acción los casi mil kilómetros de frontera de Guatemala con México, una franja divisoria enormemente porosa plagada de pasos clandestinos, está previsto para después del 30 de junio, según se enunció recientemente en un boletín oficial.

Rony Urízar, portavoz del Ejército, dijo a EL PAÍS que el presidente "no pretende que esa medida se convierta en una batalla similar a lo que ocurre en México, sino que se trata de buscar alternativas más eficaces, como planteó en la Cumbre de las Américas de Colombia [celebrada en Cartagena de Indias el pasado abril]". Advirtió, eso sí, de que mientras se persigue ese consenso entre las naciones afectadas por el crimen del narcotráfico, y se plantea un nuevo camino para neutralizar a las mafias, Guatemala seguirá combatiéndolas frontalmente, empleando para ello a la fuerza pública.

El analista independiente Héctor Rosada deduce que si partimos de la premisa de que el Ejército está muy debilitado en efectivos y armamento, habrá que concluir que para iniciar una acción frontal se habrán negociado previamente apoyos con el gobierno de EE UU –con su división antinarcóticos, la DEA– y con las autoridades mexicanas. "No olvidemos que para EE UU los narcotraficantes son terroristas. En consecuencia, existe la posibilidad de contar con un apoyo firme", dijo Rosada.

Urízar confirma el respaldo estadounidense: "Contamos con ese apoyo. Tenemos helicópteros de la DEA con tripulaciones guatemaltecas que luchan contra el narcotráfico, así como lanchas que vigilan el mar, otra de las rutas usuales del paso de la droga", pero enfatiza que los operativos obedecen, en primer lugar, al compromiso del presidente para garantizar la seguridad ciudadana. Añadió que el gran aporte militar a esta estrategia consiste fundamentalmente en labores de inteligencia. "En saber dónde están los puntos que deben fortalecerse, para que el Estado recupere su presencia en zonas abandonadas".
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