Thursday, May 3, 2012

The Government waits for the endorsement of Draghi to his cut plan

Barcelona ha optado por vestirse de fuerte para acoger el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). El Tratado Schengen ha quedado suspendido y hasta 8.000 policías velan por la seguridad de la cita, replicada por los movimientos de indignados o 15-M con caceroladas y una suerte de "sesiones informativas" sobre el papel del órgano europeo en esta interminable crisis. Porque el BCE, que dos veces al año celebra su encuentro mensual fuera de la sede de Fráncfort, ha ido a desembarcar esta vez en uno de los países más castigados por los recortes sociales: España, el nuevo gran foco de ataque de los mercados, el sinvivir de Europa.

En recesión —la segunda en tres años—, con una tasa de paro ingobernable (24%) y una reforma financiera en marcha que despierta muchos recelos en los mercados y en el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno espera del BCE un respaldo a todo su paquete de reformas para poner en orden las cuentas públicas. Eso, y un voto de confianza para el desenlace de la reestructuración de su banca.

La creciente oleada crítica en Europa contra la austeridad como única receta flota también en el ambiente. El presidente del BCE, Mario Draghi, cambió de discurso la semana pasada al recalcar que "Europa necesita un pacto por el crecimiento". Draghi hace equilibrios entre los halcones que le exigen más ortodoxia —básicamente desde Berlín— y quienes le piden que afloje el puño. Fue duro contra España en el último consejo, cuando recalcó que el acoso de los mercados se debía a que no hacía lo suficiente en reformas. Fue el 4 de abril. Después, tras dos reuniones con Luis de Guindos, el ministro de Economía, suavizó el tono y alabó los esfuerzos de Madrid, aunque no habló de seguir comprando deuda de los Estados más vulnerables o de inyectar más dinero a la banca —tras las subastas de más de un billón de euros—, los dos ungüentos que han calmado el fuego contra la deuda española.

Pero los inversores están reclamando un interés del 6% por los bonos españoles a 10 años, un precio que los analistas no ven sostenible durante demasiado tiempo.

En un sondeo de Reuters entre 60 economistas, tres cuartas partes cree que el BCE restablecerá la compra de bonos en los próximos tres meses. Pero no hay nada claro y es la hora de la diplomacia económica. La reunión del BCE incluye dos cenas, la de ayer, con Draghi y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y la de hoy, en la que tomará la palabra el presidente Mariano Rajoy. Los analistas también esperan que se mantengan los tipos de interés en el 1%. El Consejo de gobierno del BCE reúne a los gobernadores de los bancos centrales de la eurozona y al Consejo Ejecutivo del banco, formado por el presidente, el vicepresidente y cuatro consejeros. El de hoy será el último encuentro del único español que se sienta en ese órgano, José Manuel González-Páramo, que acaba su mandato. Es improbable que España mantenga la plaza. El camino de Madrid va cuesta arriba.
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