Tuesday, May 1, 2012

Civil disobedience before the membership card to smoke hashish in Holland

"Nuevas normas; drogas no, desde el 1-5-2012", reza un enorme cartel plantado al borde de la carretera en la provincia holandesa de Limburgo, vecina de Bélgica y Alemania. A partir de hoy, entra en vigor el nuevo carné de socio de los _coffeeshops_, único local autorizado para el consumo de hachís en Holanda. Pensado para ciudadanos con pasaporte nacional, o bien permiso de residencia, es obligatorio también en las regiones de Holanda del Norte y Brabante, ambas en la frontera belga. Al resto del país llegará en 2013. La medida, adoptada el año pasado por el hoy Gobierno saliente de centro derecha, pretende tres cosas: acabar con los turistas de la droga, luchar contra la exportación de marihuana fabricada en Holanda y controlar el daño causado por el cannabis. Tres buenas intenciones erradas, según los dueños de los _coffeeshops_, obligados a tener solo 2.000 clientes. En Maastricht, capital de Limburgo, que recibe 6.000 fumadores diarios, no pedirán los pases a nadie. Se arriesgan al cierre, pero creen que la venta pasará a la clandestinidad.

"Todos los viajeros foráneos rechazados recurrirán al circuito ilegal en su tierra causando mayores problemas", ha dicho Marc Josemans, presidente de la Asociación de _Coffeeshops_ de Maastricht. El colectivo teme también las consecuencias del carné impuesto por las autoridades a los holandeses. Obtenerlo implica pedir antes una copia del padrón en los Ayuntamientos. Una vez confirmado el lugar de residencia, deberá consumirse la droga en la propia localidad. "A nadie le gusta decir que quiere registrarse para fumar marihuana. ¿Y si luego pides un trabajo y no te contratan?", dice un joven cliente, que prefiere no identificarse, en La Haya.

Precisamente la invasión de la privacidad, junto con la discriminación de otros ciudadanos de la UE, fueron los argumentos esgrimidos por 19 dueños de "coffeeshops" para demandar al Estado ante los jueces. El pasado 27 de abril perdieron el caso por considerar los jueces que las autoridades obraban "en nombre de la seguridad, un valor superior". "La política sobre las drogas corresponde al Estado", añadieron. Maurice Veldman, abogado del grupo, ha recurrido la sentencia. "Si es preciso, acudiremos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos", señala.

El turismo de la droga es un fenómeno creciente desde 1976, fecha de la despenalización del cannabis en Holanda. De los 4,5 millones de visitantes anuales de Ámsterdam, más de un millón pasa por los _coffeeshops_, indica el Ayuntamiento. En 2010, unos 135.000 clientes fueron españoles. Otros 175.000 llegaron ese año de Estados Unidos, según datos oficiales. El carné no modifica la Ley del Opio, que permite a los mayores de 18 años el consumo de 5 gramos dentro de los locales. Intenta desanimar de una vez a los extranjeros atraídos por un sistema presentado hace tres décadas como un modelo de tolerancia. El único que parecía capaz de separar el tráfico de drogas duras y blandas y evitar así el crimen organizado. La norma, de todos modos, presenta lagunas evidentes. Aunque prohíbe la producción posesión y tráfico de todo tipo de estupefacientes, no penaliza el uso recreativo del cannabis. Si bien cultivarlo para su venta es ilegal, y los dueños de _coffeeshops_ recurren al mercado clandestino para abastecerse, la policía no actúa mientras no creen problemas.

Con el tiempo, la situación ha cambiado. De un lado, la UE ha aumentado su presión para que Holanda dejara de ser el paraíso de la marihuana. De otro, se ha constatado que el cannabis cultivado en el territorio nacional es mucho más fuerte que el importado de Marruecos o Pakistán. Con una concentración de tetrahidrocannabiol (THC), su principio activo, superior al 15%, se considera droga dura desde enero de este año. Es la hierba holandesa, procedente de 40.000 cultivos ilegales, exportada en un 80% y que genera unos beneficios de 2.000 millones anuales. Al circuito ilegal que promueve se unen sus mayores efectos nocivos, y los _coffeeshops_ están siendo vigilados para que no la vendan.

"No vale la pena que se traslade nadie. Solo podrá fumarse hachís con carné y si el cliente es holandés o residente legal", dice Onno Hoes, alcalde de Maastricht, en un mensaje colgado en YouTube. Con subtítulos en francés, inglés y alemán, refleja la situación de una ciudad monumental que prefiere ser recordada por la firma del Tratado de la Unión Europea, en 1991, y no por la marihuana fumada a la orilla del río Maas (Mosa, en holandés).
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