Wednesday, May 2, 2012

Champion of champions

La escena concentró toda la temporada en un momento. Allí, en el pasillo que conduce del vestuario visitante al terreno de juego del Camp Nou, se precipitaron nueve meses de competición, tensiones, discrepancias, emoción y complejos mal curados. Ejerciendo la capitanía, Casillas convocó a sus compañeros antes del clásico Barça-Madrid para lanzar la arenga. Las últimas palabras antes de que empezara a rodar el balón fueron pronunciadas a pleno pulmón. Se escucharon hasta en la caseta.

—¡Señores, vamos a dejarnos de líos! ¡Vamos a olvidarnos de los árbitros y vamos a poner toda la energía en jugar al fútbol, que podemos hacerlo! ¡Podemos hacerlo!

El Madrid conquistó la Liga en los 100 minutos que siguieron a esa escena. Volvió a ganar (1-2) al Barça, un grandioso adversario, en su campo después de cinco años y aplastó el intento de recuperación del equipo de Pep Guardiola, que se resistía a dejarse llevar.

Aquella victoria aceleró la obtención de una Liga protagonizada por Cristiano, que, además de contribuir a batir todos los registros goleadores de la historia del torneo, apareció en los momentos determinantes. Una Liga que también corresponde a José Mourinho, cuya obstinación por el control afiló el sentido competitivo del equipo al tiempo que acabó enfrentándole a sus jugadores, para lo bueno y para lo malo. La 32ª Liga del Madrid también es la cuarta que consigue Mourinho en cuatro países, como ya hicieron Ivic Tomislav, Giovanni Trapattoni y Hernst Happel.

Casillas, que aglutinó a la plantilla cuando se negó a denunciar sistemáticamente a los árbitros tal y como pedía el entrenador, fue otra pieza imprescindible para serenar los ánimos de un equipo con tendencia a exasperarse por asuntos accesorios. El portero cantó el alirón en San Mamés, el estadio en el que debutó el 12 de septiembre de 1999. Anoche le tocó levantar el primer trofeo como capitán. Finalmente, fue el campeonato de Ramos, que desde la cuarta jornada se hizo con el centro de la defensa y proyectó su liderazgo como nunca antes. Como siempre había soñado el central andaluz, enorme todo el curso. También es el campeonato de jugadores como Arbeloa, Xabi Alonso, Granero, Albiol, Özil, Callejón, Adán y Varane, que nunca en su carrera habían festejado un título de Liga.

El trofeo fue la obra compartida de un grupo de figuras principales entre las que destacó Cristiano. Sus 44 goles tras la visita a San Mamés han marcado un hito en la historia del deporte. Los números se agigantan a la luz de su coraje para intervenir en partidos resolutorios. Partidos que parecían destinados al atasco y que el delantero portugués contribuyó a resolver como nadie, como todo el superdotado que es.

Las apariciones de Cristiano han iluminado al Madrid. Falto de elaboración, apoyado en su estructura defensiva, el equipo necesitó de los goles para justificar su programa estilístico, que no se basa en la transición pausada, sino en el vértigo. Higuaín, Benzema y Cristiano los brindaron por un tubo. Nunca antes en el campeonato tres jugadores del mismo conjunto habían pasado de los 20 goles. Benzema hizo 20 (iguala su mejor registro goleador: en el Lyon en la temporada 2007-2008), Higuaín 22 y Cristiano 44. En total, el equipo ha alcanzado los 115, superando con creces el récord de La Quinta del Buitre,107 en la primavera de 1990.

En los últimos dos años, Mourinho (el 16º técnico que gana la Liga con el Madrid) se ha encargado de perfeccionar el trabajo defensivo alrededor del área de Casillas. De lo que pasaba en la otra portería se ocupó mayormente Cristiano a fuerza de bombazos. Dentro del área y fuera de ella, definiendo o asistiendo, su aportación goleadora fue decisiva a domicilio contra el Málaga (3), Valencia (1), Sevilla (3), Betis (2), Villarreal (1), Osasuna (2), Atlético (3), Barcelona (1) y Athletic (1). Ahí estuvo el título. Cuando peligraba fue cuando dio lo mejor de sí mismo. Igual que el Madrid, que esta temporada ha ganado a domicilio a todos los equipos que han sido campeones de la Liga (excepto al Deportivo, que está en Segunda).

El Madrid caminó por la cornisa entre la 27ª jornada y la visita al Camp Nou en la 35ª. Fueron los días más difíciles. De pronto, tras un gol de falta de Cazorla en el Bernabéu que empató el partido para el Málaga (1-1), el ambiente del vestuario comenzó a cargarse de electricidad. Dicen que hasta entonces, con los 10 puntos de ventaja sobre el Barça, Mourinho se había conducido con cierta serenidad, cuando no con aplomo. Tras volver a perder dos puntos ante el Villarreal, a la jornada siguiente, estalló. Les dijo a los jugadores que lo que debían hacer era denunciar los arbitrajes porque les estaban "robando" el campeonato. La plantilla se opuso a ello, dando origen a un conflicto que dejó un sabor amargo entre los jefes y los subordinados.

Tras dos jornadas imponiéndose a la Real Sociedad y a Osasuna, el entrenador madridista dio una charla cargada de consignas inusuales el día que el equipo recibió al Valencia. Según los presentes, Mourinho estaba tan obsesionado por controlar los detalles más insospechados del arbitraje que les aconsejó que, si sentían contactos en el área, se dejaran caer al césped. Les explicó que el árbitro era tan consciente de que en las últimas jornadas el Barça había sido beneficiado que se mostraría sensible a las penas del Madrid.

El empate ante el Valencia fue la culminación de una temporada marcada por el intercambio de pareceres entre Mourinho y los futbolistas. Las discusiones con jugadores, raras en el primer año del técnico en el Madrid, se hicieron habituales en el segundo. Del intercambio surgieron discrepancias y acuerdos que fortalecieron al equipo. Por primera vez, no solo los futbolistas cedieron terreno. También el técnico se vio obligado a resignarse. Incapaz de convencer a los jugadores de que le acompañaran en las quejas contra los árbitros, Mourinho optó por cancelar sus apariciones públicas. A cambio, impuso su impronta futbolística, quitó su apoyo a Carvalho, Higuaín, Lass y Kaká, reforzó la posición de Di María, Khedira y Benzema, mantuvo en un lugar secundario a Granero y preservó a Coentrão del descrédito de haber participado en cinco derrotas a lo largo del curso. La alineación de Coentrão en el Camp Nou le redimió en parte. Tras haberse convertido en el fichaje más caro de la temporada (30 millones de euros) el lateral precisaba un buen día. Mourinho le esperó.

Coentrão y Callejón fueron los únicos fichajes del último verano presentes en la victoria en el clásico. Su contribución pasó inadvertida. Quedó oscurecida por el zarpazo de Cristiano en el 1-2. Fue el gol de la Liga en la tarde más serena, y más resolutiva, de Cristiano contra su gran rival. Hacía tiempo que el duelo no se disputaba en un clima de tanta deportividad. Ya en las duchas, en el vestuario visitante del Camp Nou, tras el partido, la voz resonante de un jugador hizo temblar las paredes.

—¿Vamos a hablar de los árbitros ahora?

La carcajada entre los madridistas fue casi unánime. Con el fútbol por bandera, el Madrid se sentía ya, con todo derecho, como un campeón de campeones.
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