Monday, May 21, 2012

The British nuclear plan hits the claims of the electrical ones

El Reino Unido va a ser, junto con Francia, un buen termómetro para medir el futuro de la energía nuclear en los países desarrollados. Londres tiene en marcha un plan para construir en una década ocho centrales nucleares que reemplacen a las actuales. El problema es que las empresas eléctricas que deben construirlas empiezan a mostrar dudas. Las alemanas E.On y RWE se retiraron, Centrica y GDF Suez han pedido más garantías públicas y EDF va con retraso en su proyecto. Solo Iberdrola guarda silencio. Las eléctricas presionan para conseguir mejores garantías en un momento en que obtener crédito para invertir miles de millones en obras enormes es más complicado que fusionar el átomo.

El Reino Unido tiene 16 reactores que producen el 15% de la electricidad. Londres afirma que, sin nueva potencia atómica, en 2023 solo tendrá un reactor nuclear en marcha. Mientras países como Estados Unidos han optado por alargar la vida de sus nucleares hasta los 60 años, Reino Unido no tiene esa posibilidad. Sus reactores son de una tecnología propia (los AGR) y el sector no confía en la operación a largo plazo. Para reemplazarlos, el Gobierno británico promueve la construcción de 16.000 megavatios de nueva potencia nuclear (más del doble de la que existe en España) antes de 2025, que crearían 30.000 empleos en esa fecha.

La francesa EDF, junto con la británica Centrica, planea construir cuatro reactores de su nuevo diseño, el EPR, que sumarían 6.400 megavatios. Nugen, un consorcio formado al 50% por la francesa GDF y la española Iberdrola, quiere construir 3.600 megavatios en Moorside (al noroeste). El tercer grupo lo formaban E.On y RWE; iban a levantar 6.000 megavatios con su sociedad Horizon. Pero el pasado 29 de marzo anunciaron su retirada del plan y su intención de vender Horizon, que ya había adquirido terrenos y tenía avanzado el proyecto.

El pasado martes, las compañías explicaron en el Parlamento británico que semejante inversión —un reactor puede rondar los 5.000 millones de euros— habría llevado a la empresa a una rebaja de calificación de las agencias, dijo Volker Beckers, consejero delegado de RWE, según recogió el diario The Guardian. Tony Cocker, responsable de E.On en Reino Unido, añadió: "La energía nuclear es una inversión a muy largo plazo". Ahora buscan comprador para Horizon.

El talón de Aquiles de esta energía son precisamente la enorme inversión que requiere y el dilatado periodo de amortización, en un momento de restricción del crédito y de costes crecientes, entre otras cosas, por el impacto de Fukushima. Una fuente del sector nuclear que pide no ser identificada explica: "E.On y RWE se retiran por sus problemas en Alemania y el resto aprovecha para presionar. Los británicos anunciaron un programa muy liberal, sin ayudas públicas, y las empresas aprietan porque quieren algún tipo de seguridad" de que recuperarán su inversión.

El problema es recurrente. EE UU ha autorizado la construcción de cuatro reactores nucleares, pero en Estados del sur, con mercados regulados. Eso quiere decir que las nucleares tienen garantizado el precio al que cobrarán la electricidad. La aparición de gas natural barato extraído con la nueva técnica de fractura hidráulica ha terminado por cambiar el panorama energético.

Al golpe de RWE y E.On le siguieron otros. Gérard Mestrallet, presidente de la francesa GDF, declaró poco después: "Junto con nuestros socios tomaremos una decisión en 2015. Hoy es muy difícil invertir en energía nuclear" sin un retorno claro. Mestrallet declaró que la propuesta de Londres de gravar el CO2 no parecía suficiente para garantizar la inversión.

La única eléctrica que mantiene silencio es Iberdrola. "Mantenemos la misma postura. Todo sigue según lo planeado. Tomaremos una decisión en 2015", explica un portavoz.

Marcel Coderch, antinuclear y coautor de El espejismo nuclear, apuesta a que del plan se va a desinflar: "Margaret Thatcher ya quiso construir 10 o 12 nucleares y solo logró levantar una. No sería de extrañar que se repitiera la experiencia". La clave ahora es lo que haga EDF, controlada por el Estado francés y que opera el parque nuclear británico. "Quien tiene que mover pieza es EDF, que puede presionar al Gobierno inglés", añade Coderch.

Las empresas reclaman un precio fijo para que, aunque a largo plazo baje la electricidad, ellos cobren lo mismo. Eso, explica Coderch, le interesa a quien cree que la electricidad a la larga va a bajar. Otra de sus peticiones es fijar un precio alto para el CO2, lo que haría menos competitivas las centrales de carbón y de gas.

Gigantes como China mantienen programas nucleares, pero la situación (de crecimiento, mercado o costes) no es comparable con la de los países occidentales, donde los pocos nuevos proyectos que hay sufren retrasos y sobrecostes (como en Finlandia o Francia). Las garantías que ofrezca finalmente Reino Unido para las nuevas nucleares serán examinadas en todo el mundo. Entre otras cosas, porque la nuclear ha sido a menudo defendida por sectores liberales que criticaban las primas a las renovables por distorsionar el mercado.
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