Wednesday, April 18, 2012

Why they say efficiency when they are cuts

En el instituto público Pla Marcell de Cardedeu, Barcelona, decidieron, a pesar de los recortes, hacer tres grupos de 1º de ESO de 20 alumnos, en lugar de dos de 30; 1º es un curso complicado y prefirieron eliminar algunas optativas para tener clases con menos estudiantes. Pero el año que viene, con el aumento de horario previsto para los profesores, ya no lo podrán mantener, dice el director, Antonio Gener. En el instituto Cardenal Herrera Oria de Madrid, con siete docentes menos, los alumnos han perdido este curso los desdobles en Lengua y Matemáticas (clases reducidas algún día a la semana para poder explicar mejor a menos estudiantes).

Desde detalles llamativos como las restricciones en el uso de papel higiénico decretadas por el Gobierno catalán, hasta la pérdida de medidas de atención a alumnos complicados y a las familias, los recortes educativos de los dos últimos años ya se dejan sentir en las aulas. Y estos van a ser mayores a partir del próximo curso con las medidas aprobadas por el Gobierno para ahorrar 3.000 millones de euros más. En la educación universitaria, los detalles del recorte se conocerán mañana.

Pero en la parte no universitaria, el grueso se hará a base de reducir las plantillas. Lo harán llenando más cada aula (se aumenta el límite de alumnos de 27 a 30 en primaria, de 33 a 36 en secundaria, y hasta 43 en bachillerato) y elevando las horas de semanales de clase que imparten los profesores: sin máximos establecidos, tendrán un mínimo de 25 horas en primaria y de 20 en secundaria (en este último, son dos más de las que tienen ahora en la mayoría de comunidades). El resultado será la extensión a todas las autonomías y la profundización de esas situaciones que ya han ocurrido en muchos puntos de España. Aunque unas más que otras, todas las autonomías han recortado ya el dinero destinado a enseñanza desde 2010. En total, más de 3.400 millones de rebaja a los que a partir del año que viene se sumarían esos otros 3.000.

El debate sobre si no queda más remedio que hacer estos recortes, por dolorosos que sean, dada la situación económica de España y la presión de los mercados, tiene muchas aristas y es muy complicado zanjarlo con un simple sí o no. Para lo que resulta muy difícil encontrar argumentos es para defender la afirmación del ministro de Educación José Ignacio Wert de que los recortes apenas van a tener un "escaso o casi nulo impacto en la calidad".

Es evidente, por ejemplo, que los alumnos de 1º de ESO del Pla Marcell de Barcelona algo perderán el curso que viene, o que los del Herrera Oria de Madrid ya lo perdido este año. O los del colegio público de infantil y primaria Estel-Guinardó de Barcelona. "La principal víctima han sido las horas de refuerzo, en las que partíamos grupos para trabajar con menos alumnos", explica Pilar Blasi, profesora de infantil. Además, ya no se sustituyen las bajas hasta las dos semanas (esta otra medida fijada por el Gobierno). "Imagínate con una plantilla tan corta, cuando alguien se pone enfermo tenemos que hacer malabarismos", informa Clara Blanchar.

A pesar de todo ello, ese discurso, el de la búsqueda de la más que nunca necesaria eficiencia sin afectar la calidad, es el que suele acompañar a las tijeras. De hecho, en la reunión que el pasado fin de semana tuvo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con los presidentes autonómicos del PP, varios de ellos pidieron un esfuerzo de comunicación para evitar que se interpreten todas las medidas solo como recortes.

Sin embargo, al menos en educación, resulta complicado. "Se traspasa la linea roja. El sistema educativo y el profesorado no pueden asumir estas medidas sin repercutir en su trabajo y en la calidad de lo que enseña", dice de forma tajante el catedrático de Pedagogía de la Universidad de Barcelona Francisco Imbernón.

El recorte de profesorado en centros públicos, que coincide con un significativo incremento del alumnado, dependerá de hasta dónde quieran las autonomías exprimir las nuevas posibilidades que les ofrecerá Educación. Las previsiones de reducción del profesorada van de los 32.600 solo para secundaria y bachillerato (por encima del 12% de los docentes de estas etapas) hasta los 80.000 o 100.000 que temen UGT y CC OO en todas las etapas. Wert dijo el lunes que la cifra de 100.000 es exagerada, pues solo con eso se ahorrarían, no 3.000, sino 4.000 millones, aseguró.

En todo caso, y a la espera de concreciones, probablemente la única discusión posible en este punto es si el sistema va a empeorar un poco o mucho —los sindicatos dicen que se volverá a la escuela de los años setenta —. O si, en el mejor de los casos, se va a quedar como está, es decir, que no va a mejorar a pesar de todas las llamadas de atención nacionales e internacionales sobre que la educación es uno de los puntos flacos de la economía española; y que en su mejora no solo está la clave de un futuro mejor después de la crisis, sino también la llave para salir del atolladero. "Los recortes en los presupuestos de educación amenazan con socavar el potencial de crecimiento de la economía y la competitividad", dijo la Comisión Europea sobre España y otros Estados miembros que están recortando en educación.

Pero Bruselas da una de cal y otra de arena en este sentido, y llegado el caso, parece primar la estabilidad económica sobre las buenas palabras acerca de la importancia de la enseñanza. La Comisión aplaudió la semana pasada las medidas adicionales presentadas por el Gobierno español para recortar 10.000 millones de euros en sanidad y en educación.

Esos dos son los gastos más gruesos de los presupuestos autonómicos y, dentro de ellos, los sueldos. Por lo tanto, la urgencia de un recorte grande hace girar la vista inmediatamente hacia ellos. Pero además, como ha explicado en distintas ocasiones el catedrático de Economía de la Pompeu Fabra José García Montalvo, los recortes en enseñanza son, en general, más cómodos de hacer: "La educación (y también la investigación) es un área muy golosa para hacer recortes, pues estos no tienen efectos muy negativos a corto plazo. Sin embargo, son devastadores a largo plazo".

Esto significa que, en el fondo, quizá muchísimas familias no noten hoy, y quizá tampoco el año que viene, si su hija está en una clase con tres alumnos más, o si le han quitado los desdobles en Matemáticas. Tampoco si ha perdido buena parte del trimestre en Lengua por un intermitente catarro mal curado del profesor porque las bajas de menos de dos semanas no se cubren.

El peligro es que, mientras se discute hasta qué punto es para tanto o no, irán pasando los años, con el grave riesgo de que llegue ese largo plazo y sea devastador, como decía García Montalvo. Entonces, quizá, en 2020, llegará un informe PISA de la OCDE que diga que la educación española no solo no ha mejorado, sino que quizá está peor. Y todo tipo de análisis se harán al respecto para descubrir qué ha fallado.

Ese es el futuro que auguran algunos, claro. No así quienes defienden que estos recortes no serán para tanto. Las comunidades del PP defendieron el lunes los recortes como mesurados y lógicos y que, además, los alumnos por aula y el aumento de trabajo docente son medidas coyunturales, solo para la crisis. La consejera madrileña de Educación, Lucía Figar, argumentó, con el informe PISA de la OCDE, que el número de alumnos por clase no es tan importante para la calidad, que lo importante son cosas como la formación docente o la autonomía de los centros.

Imbernón contesta que, efectivamente, la formación es crucial, pero que esta también ha sufrido importantísimos recortes hasta el momento (la partida del ministerio cae de 52 milones a cuatro). Y el profesor de Sociología en la Universidad de La Laguna José Saturnino Martínez añade que el informe PISA solo habla de una parte del currículo (lengua, ciencia y matemáticas) y que, analizadas las comunidades autónomas, "las que tienen menos alumnos por clase tienen también menos fracaso escolar", asegura. De hecho, según un estudio que está preparando CC OO Madrid sobre el efecto de los recortes en más de una treintena de institutos, la victima principal parece ser la atención a la diversidad, es decir, a los alumnos con problemas (desdobles, refuerzos, clases de recuperación para los que suspenden), dice Francisco García, responsable de la Federación de Enseñanza de CC OO Madrid.

El presidente de la asociación de directores de instituto de la Comunidad Valenciana (ADIES), Vicent Baggetto, alerta además de que los recortes suelen hacerse lineales en todos los centros, pero no es lo mismo pasar de 30 a 33 alumnos en un centro de una zona de clase media alta que pasar de aumentar de 24 a 27 en una zona marginal.

La asociación valenciana de directores pertenece a la estatal, Fedadi, que el pasado diciembre lanzo un comunicado en el que se admitía la parte de esfuerzo que le toca a la educación en los actuales momentos de crisis, pero se reclamaba a las Administraciones que cuenten con ellos para ver qué se puede ajustar y qué no. José Antonio Martínez, presidente de Fedadi, pone el ejemplo de Madrid, donde los directores se ofrecieron para analizar con la Administración, centro a centro, la mejor forma de ajustar; pero no fueron escuchados, se queja.

El problema añadido, según el catedrático Imbernón, es que se ha impuesto un lenguaje de confrontación y que desde las Administraciones se está lanzando el mensaje de que los profesores trabajan poco y mal para justificar los recortes. Y todo ello, intensifica "el malestar docente", asegura, que también influye negativamente en la calidad de la educación.

Puestos a sugerir, la asociación mayoritaria de padres de alumnos, Ceapa, propuso el verano pasado suprimir la asignatura de Religión, de tal manera que se ahorrasen los sueldos de los 15.000 profesores que imparten esta materia en los centros públicos. El ahorro podría ir de los 300 a los 400 millones de euros. Y, en todo caso, se quedaría corto para la pretensión de esos 3.000 millones de ajuste, buena parte de la cual saldrá de las escuelas.

El experto en estadística educativa, director de instituto y sindicalista de CC OO Miguel Recio calcula —a partir de los datos del número de grupos y de alumnos, y de un sueldo medio de unos 38.000 euros anuales— que con el aumento de las ratios y de horas lectivas, la disminución de plantillas en secundaria y bachillerato será de unos 32.600, los que supondría un ahorro en sueldos de unos 1.200 millones de euros.
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