Tuesday, April 24, 2012

Spain and Ireland lead in 2011 the breach of the deficit in the EU

Las buenas noticias escasean y por eso a veces conviene empezar con ellas. Una de las numerosas dudas que acechan a España se desvanece: Eurostat, la oficina estadística de la Unión, validó ayer el déficit público de 2011, que se elevó al 8,5% del PIB, y barrió de un plumazo las suspicacias de quienes desconfiaban de las estadísticas españolas en Bruselas, en Berlín y en buena parte de las casas de análisis internacionales. "Todas las especulaciones y rumores que circularon en enero no tenían razón de ser", destacó un portavoz de la Comisión, pese a que a menudo eran los propios técnicos de Bruselas quienes —en privado— alimentaban el recelo.

Hay también malas noticias. Porque el problema, ahora, es otro: España lideró en 2011 el incumplimiento de las metas de déficit, varios cuerpos por encima de los demás países del euro, y solo a la par de Irlanda, donde además el déficit subyacente, que excluye la recapitalización bancaria, ha sido del 9,4%, menos de lo esperado. En siete de los 17 países que comparten la moneda única se produjeron desvíos, pero solo en Irlanda, España y a cierta distancia Grecia, Holanda y Chipre los incumplimientos son más que preocupantes y justificarían, con las cifras en la mano, una suavización en los plazos de recorte del déficit a partir de ahora. Es a lo que aspiran países como España, aunque solo en privado, tras el desafío semifallido con el objetivo de déficit de 2012, que le costó al Gobierno un tirón de orejas por parte del Eurogrupo.

La economía europea se detuvo en seco el pasado verano, y por eso cabía esperar que el incremento de gastos asociado a ese parón —más impacto de lo que los economistas denominan estabilizadores automáticos: prestaciones por desempleo, por ejemplo— y la caída de la recaudación de impuestos provocara fuertes desviaciones. No ha sido el caso.

La ensalada de datos es formidable, pero basta espigar media docena de cifras para aventurar cuáles pueden ser los próximos movimientos en Europa. Dublín incumple sus objetivos por más de tres puntos, pero viene de lo más alto: ha rebajado su déficit del 30% al 13%. La desviación en España es de dos puntos y medio: el objetivo era el 6% del PIB y ese 8,5% justifica las incansables y reiteradas referencias a la herencia socialista por parte del PP. "Es la peor que ha recibido un Gobierno en España", abundó ayer la secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal.

Madrid puede encontrar un aliado en Holanda, uno de los países del club de la triple A cuyo Ejecutivo ha sido uno de los más implacables con la austeridad. La crisis política en La Haya —con el Ejecutivo recién dimitido— se debe precisamente a que hay partidos en la coalición de Gobierno que consideran un suicidio una rebaja drástica del déficit este año, con la recesión acechando a la economía de la eurozona. El resto de incumplidores lo son por apenas unas décimas. Y para saber qué puede ocurrir a partir de ahora hay que mirar con lupa a las dos grandes economías de Europa: Alemania cumple con creces sus compromisos y Francia, que ha capeado peor los últimos coletazos de la crisis, está mejor de lo que muchos esperaban.

Media Europa especula sobre la necesidad de abrir la mano con los recortes ante la gravedad de la recesión. El Nobel Paul Krugman asegura que el calendario de tijeretazos que se exige a países como España es "insano", casi un suicidio. El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, ha pedido a Alemania más tolerancia ante la constatación de que la economía europea sufre las consecuencias del rigor presupuestario.

La Comisión no quiere abrir ese melón: un portavoz del comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, pasó por alto ayer esa posibilidad, que está más pendiente de las urnas que de otra cosa. Las presidenciales francesas serán claves. Y las próximas elecciones holandesas. Al menos Bruselas no habla —por ahora— de sanciones, a la espera de una evaluación completa del presupuesto español y del examen que supondrá el programa de estabilidad para 2013 y el plan de reformas, que el Gobierno presentará en los próximos días. España sigue bajo la estricta vigilancia de la Comisión.
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