Sunday, April 22, 2012

Sarkozy will have to court the vote of a swelling Le Pen

Gritos de "¡Vamos a seguir en el Elíseo!", coreado repetidamente por cientos de entregados _sarkozystas_, y el ondear de las banderas tricolores acogieron a las 20.00 horas los primeras proyecciones de voto que daban a [Nicolas Sarkozy][1] una derrota con sabor a triunfo, con un 27% de votos frente al 28,6% atribuido al candidato socialista François Hollande. "Si acaba segundo, se acabó", confiaba en frío un consejero de Sarkozy antes de que al caer los resultados las bases se vieran ya triunfadoras: "¡Vamos a ganar!". Es el primer presidente que no termina en cabeza en la primera vuelta de la carrera por un segundo mandato, pero a la espera de su comparecencia en la Mutualité, lugar elegido para celebrar la ocasión, los suyos cantaban a voz en cuello _"Nicola, président!"._

Lo mismo pensaba sobre sí mismo [François Hollande, en cabeza este domingo][2], pero la matemática electoral no le cuadraba. El bloque de izquierda no logró tantos votos como el de la derecha, extraordinariamente hinchado con el Frente Nacional de Marine Le Pen y su apoteósico resultado, [según las primeras previsiones][3], que la convirtió en la otra gran triunfadora de la noche y dama a cortejar políticamente. Bloque contra bloque, en esos términos va a plantear el presidente su lucha por la supervivencia política en esta segunda vuelta que acaba de comenzar. Con un matiz: unión nacional, la suya, contra unión de la izquierda.

La estrategia del presidente no está todavía decidida y en su entorno se especulaba con que fuera a seguir manteniendo la ambigüedad de la primera vuelta con el propósito de pescar en las reservas de votos de tercer y cuarto clasificados, el voto centrista –incluida la oferta de la jefatura del Gobierno a François Bayrou, el portaestandarte de la moderación en el panorama político francés-- y la derecha lepenista, ahora crucial. Para el diputado sarkozysta Damien Meslot la cuestión a plantear a los electores de Le Pen está clara: "Si quieren conceder el derecho de voto a los extranjeros [en las elecciones locales], como ha dicho Hollande que hará, o si prefieren la Francia de los valores que defiende Sarkozy".

Sarkozy confía en sí mismo y en su capacidad de convencer de aquí al 6 de mayo a unos franceses que no terminan de aceptar su continuidad en el Elíseo, estragados por su chabacanería nada presidencial, sobre la que él mismo ha entonado el _mea culpa,_ excesos varios y promesas rotas. En días pasados se ha quejado del ruido que hacían tantos candidatos en la escena y cómo las cosas quedarán meridianamente claras cuando el asunto quede limitado a un 50-50 de presencia y pueda hacer valer su apasionada retórica y convicción frente a la impostada imagen presidencialista y discurso blando de su rival.

A los seguidores que esperaban su comparecencia en la _Mutualité_ para glosar el resultado de la jornada y dar el pistoletazo de salida a la campaña definitiva, no les dolía la dulce derrota de la primera vuelta. Al contrario. "Es un luchador y va a seguir luchando para ganar y aun si no gana habrá combatido", comentaba uno, revelando una fugaz sombra de duda. "Yo creo que va a tratar de unir al centro y a los indecisos y hacer que Hollande salga del agujero, porque la verdad es que Hollande no dice nada para no inquietar a nadie", apuntaba ese votante sarkozysta que se preguntaba socráticamente, para esclarecer dudas: "¿Es Francia un país de izquierda? ¿Es que a Francia se la puede gobernar con un presidente socialista, con los verdes y con la extrema izquierda?". Como para él la respuesta es incuestionablemente negativa en ambos supuestos, su idea es que el presidente tiene amplio margen de maniobra porque en esa tesitura el elector "optará por la razón".

Ese margen de actuación de un maniobrero tan temible como Sarkozy es a lo que se enfrenta un Hollande que no ha alcanzado su objetivo para la primera vuelta —"hacer la victoria irreversible el 22 de abril"—, lo que junto a su triunfo indiscutible requería que los ideológicamente afines hubiesen recogido una buena cosecha de votos— y se propone como cuestión vital mantener la movilización de los suyos tras lo que puede resultar, a la postre, una victoria pírrica; atraerse al mayor número posible de los que han votado en la primera vuelta por placer y lo harán en la segunda por utilidad, y arañar votos al centrismo. Ya en estos pasados días Hollande ha engrosado su zurrón con el apoyo de ex ministros de Sarkozy y hasta con la promesa de voto de Jacques Chirac en una apertura hacia el centro que no llegará, ha advertido, hasta el extremo de nombrar un primer ministro no socialista.

[1]: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/19/album/1334833318_178098.html#1334833318_178098_1334833675
[2]: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/22/actualidad/1335093507_150472.html
[3]: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/22/actualidad/1335086561_908733.html
Enclosure: http://ep00.epimg.net/internacional/imagenes/2012/04/22/actualidad/1335121984_830108_1335122708_miniatura_normal.jpg

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