Sunday, April 22, 2012

“Hollande Will win, people is until the bun”

A media mañana de esta jornada fresca y nubosa en París, los electores hacen cola para votar en uno de los colegios cercanos a la Torre de Montparnasse, y una madre sale cantándole a su crío: "Au revoir, Président, au revoir, Président". A su lado, un joven presuroso dice que ha votado "con esperanza… de cambio", sin identificar sobre cuál de los nueve candidatos que propugnan el cambio ha depositado su confianza.

La mañana es menos festiva en el distrito VII, uno de los dos o tres feudos sarkozystas de la capital. En este barrio de clase alta no hay colas ante las mesas del colegio Jules Romain de la calle Cler, pero sí un goteo constante de jubilados huraños que no quieren hablar, de mujeres solas y parejas con niños pequeños y/o perros. Media docena de entrevistados a pie de urna afirma haber votado por "el presidente". Pero todos se muestran pesimistas y creen que la izquierda ganará por primera vez desde que François Mitterand fue reelegido en 1988. "Hemos votado a Sarkozy, pero la gente está harta de él y va a perder seguro", cuentan Pauline y Calixte, una guapa pareja de 28 años.

Para expresar esa sensación de hartazgo, usan una expresión de argot que resume lo que muchos franceses piensan de estos cinco años: "Ras le bol" (hasta el moño).

Pauline lleva la voz cantante y cree que los franceses se van a equivocar. "Sarkozy tiene mucha más capacidad que Hollande, que además es menos conocido en Europa, para sacarnos de la crisis. Sabe que de esto no podemos salir solos y que debemos apoyarnos en Alemania. Pero prometió demasiadas cosas y ha tenido poca delicadeza en general. Eso le costará la victoria y es una pena".

En Montparnasse, otro matrimonio joven, con una cría pequeña en brazos de la madre, explica que ha votado "a la derecha", sin ir más lejos, y explica que ya sabe lo que va a pasar el próximo 6 de mayo en la definitiva segunda vuelta. "Será entre Sarkozy y Hollande, y Hollande va a ganar. Nosotros votaremos en blanco".

Él trabaja en un banco y está a favor de nacionalizar la banca y meter en cintura a los mercados financieros. Aunque "Hollande quiere regular los mercados y es honrado y no será peor que el otro, al final será un desastre", se teme esta pareja interesada por el medio ambiente que hubiese votado ahora al otro candidato verde de no haber ganado Eva Joly las primarias del partido ecologista: "Nos estamos jugando el futuro de nuestros hijos". La gran satisfacción que Hollande brinda a este par de padres jóvenes es que "va a quitar de en medio a todos los amigos de Sarkzoy, que son unos mafiosos".

La nutrida afluencia de electores en Montparnasse anima a una pareja de sexagenarios que dice discretamente haber votado "por la continuidad". Los sondeos pronostican que la abstención rozará el 25% y crecerá mucho respecto a 2007, cuando fue apenas del 15%. El dato de las 12.00 indica que la participación había bajado casi tres puntos a esa hora. Millones de franceses están estos días de vacaciones fuera de sus ciudades, y han delegado el voto en parientes o amigos para poder participar. Pauline y Calixte han votado a la derecha en el VIII y han venido hasta el VII para depositar la papeleta de Hollande en nombre de unos amigos. "No, no les hemos engañado", bromean.

En el norte de París, tradicional bastión de la izquierda, Sandy Seneschenal, una joven cineasta de 33 años, ha cogido un tren a primera hora para volver a París, donde vive, desde Rennes, donde se encontraba por trabajo, para poder votar en su colegio electoral del distrito XIX. A mediodía todavía estaba indecisa entre el voto útil por Hollande y el de convicción por el líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon. "Tengo tantos amigos que me han dicho que van a votar por Mélenchon que me está dando miedo que ocurra lo de 2002", dice recordando aquel trauma de la izquierda, cuando el candidato socialista, Lionel Jospin, fue apartado de la segunda vuelta por el líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen. "Entonces delegué el voto para votar por un amigo y tuve que votar dos veces por Chirac, fue bastante duro".

Maider, profesora de español y nacida en el País Vasco francés, también ha vuelto de sus vacaciones para votar, y al final se ha decantado por votar a la izquierda radical: "Confié en los sondeos que ponían muy arriba a Hollande, y me gusta mucho Mélenchon. Así habrá más posibilidades de que Martine Aubry, que me encanta, sea la primera ministra de Hollande".

El voto útil y sobre todo el antisarkozysmo es el que ha empujado a Nabil, trabajador social de 31 años, a decantarse por Hollande. "Quiero que le den una paliza a Sarkozy desde la primera vuelta, aunque espero que Mélenchon tenga un resultado fuerte que le permita pesar en la política de Hollande", dice, a la salida de un colegio del mismo XIX donde las largas colas desaniman a varios vecinos que prometen volver más tarde. "Tengo esperanzas de que haya un cambio y un poco más de justicia", asegura este joven de origen argelino, francés desde hace dos años y que vota en unas presidenciales por primera vez. "Trabajo con gente mayor y con pensiones de 600 o 700 euros no llegan a fin de mes, es injusto".

"Quiero un cambio, una política más social, que no esté tan enfocada en los ricos como lo ha estado la de este Gobierno", comenta por su parte Anne-Cécile Richard, actriz de 34 años que también ha votado en su nombre y en el de su pareja por el candidato socialista. "Soy una simple obrera que paga muchos impuestos, los ricos no me interesan, lo único que pienso es que un cambio vendrá bien", asegura por su parte Nadia, de 52 años, portera del colegio electoral. "He sido la primera en votar, a las ocho en punto, y está viniendo mucha gente", añade, limitándose a indicar que es de "izquierdas" y que piensa "que su voto será útil".

Al sur, cerca de la Torre Eiffel, el quiosquero de la calle Grenélle, Monsieur Trulin, de origen árabe, afirma que también ha votado al presidente. Pero piensa que la 'gauche' se llevará el gato al agua: "La gente no ama la personalidad de Sarkozy. Aunque es muy inteligente, tristemente las clases medias no le quieren. Su 'trabajar más para ganar más' ha acabado siendo 'trabajar más para pagar más'. Ganará la izquierda para hacer el trabajo sucio que hay que hacer, que es mucho".

Belén Cánovas, una atractiva treintañera que sale del colegio Jules Romain, cuenta que nació en París, hija de un padre español original de Murcia, y que acaba de votar a Sarkozy. "No le adoro especialmente, y me gustan más las ideas de la izquierda, el problema es que cuando los socialistas llegan al poder hacen muchas tonterías. ¡Y además no puedo con Hollande!", confiesa.

Con la vista puesta en el segundo turno, Cánovas cree también que "ganará la izquierda, aunque Sarkozy intentará asustar a la gente con una posible victoria de los socialistas, y hará bien. Ser presidente requiere también un trabajo de representación, y en el pasado aprobaron medidas como la semana de las 35 horas que han sido un desastre". Su conclusión es que "los franceses no son conscientes de la suerte que tienen. Tenemos un sistema social espléndido, y la gente se sigue quejando. El problema es que creen que todo eso se puede mantener sin trabajar".
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