Sunday, April 15, 2012

The Ertzaintza brings about the debate

A la Ertzaintza se le multiplican los frentes. El trágico fallecimiento esta semana del joven vizcaíno Iñigo Cabacas, como consecuencia del impacto en su cabeza de una pelota de goma lanzada por agentes antidisturbios, no ha sido sino la fatal consecuencia de unas intervenciones de la Policía vasca que han aumentado y ganado intensidad en los últimos meses, entre crecientes críticas políticas y sospechas de posibles excesos. La polémica llega, de manera paradójica, con la amenaza terrorista de ETA en mínimos históricos y cuando la kale borroka casi había desaparecido de las calles de Euskadi, contribuyendo a la distensión social. ¿Casualidad?

El desalojo del gaztetxe Kukutza en Bilbao, la agresión a dos fotógrafos en los prolegómenos de un partido del Athletic, la carga contra una sentada organizada en Vitoria por las víctimas de abusos policiales y los altercados registrados durante la huelga general del 29-M en distintos puntos de Euskadi conforman, junto al desdichado pelotazo a Cabacas, la negra lista del último medio año. Sucesos separados en el tiempo, ocurridos en escenarios diversos y motivados, además, por eventos de distinta índole que muy poca relación guardan con los premeditados ataques de violencia callejera más propios de otra época. Los resultados, sin embargo, han sido incluso más graves.

Los sindicatos de la Ertzaintza llevan meses alertando de que los recortes salariales asociados al absentismo laboral derivan en un cierto temor de la plantilla a coger la baja, lo que a su vez repercute en el posible ejercicio profesional de agentes que no se encuentran en plenitud de condiciones físicas o psicológicas. Desde las centrales, sin embargo, no consideran que esta pueda ser la causa del cúmulo de incidencias registradas. "Todos nos estamos viendo afectados por la situación económica, pero eso no quiere decir que uno la emprenda a golpes con el primero que encuentra", apunta un representante de la plantilla.

Varias protestas ciudadanas de más trasfondo económico que político sí han demostrado que el malestar social por la crisis puede desembocar en revueltas de distinto calado. Las más contundentes ocurrieron durante la pasada huelga general del 29 de marzo, cuando la pretensión inicial de extremar la precaución que se trasladó a los agentes saltó por los aires con distintos altercados que obligaron a recurrir al material antidisturbios. En uno de ellos, supuestamente premeditado, resultaron heridos de consideración dos ertzainas, lo que reactivó un corporativismo languideciente desde que la Policía vasca dejó de convertirse en objetivo de los violentos.

Algunos de los sucesos de los últimos meses, como la agresión a dos fotógrafos en febrero, han sido objeto de un expediente interno para quienes los han protagonizado. Es el reconocimiento oficial de que, en ocasiones, los ertzainas se han extralimitado en el ejercicio de sus funciones. Algo que en la propia plantilla descartan que se pueda aplicar al conjunto de las actuaciones. "Somos personas, como todo el

mundo, y en un momento dado alguien puede perder los nervios, pero son casos aislados y que nunca sobrepasan un determinado extremo", considera un agente, quien no duda al desvincular esta posibilidad de un suceso inédito como el de Cabacas. La investigación sobre la primera víctima mortal de un pelotazo policial en Euskadi sigue abierta.

Las conclusiones de las pesquisas sobre el fallecimiento del joven aficionado del Athletic se antojan cruciales para mantener intacto el prestigio de la Ertzaintza, objetivo prioritario para un Gobierno vasco que ha hecho de la "tolerancia cero" contra el terrorismo una de sus señas de identidad. Su pretensión choca, sin embargo, con la de una izquierda abertzale empecinada en asociar a la Policía vasca con una imagen de brutalidad y represión. La política late como trasfondo de una polémica sobre la intervención de los agentes que el propio consejero de Interior, Rodolfo Ares, no ha dudado en achacar al "carroñerismo" de la antigua Batasuna.

El desalojo de Kukutza, el pasado septiembre, abrió la veda a las críticas por una actuación que muchos catalogaron de desproporcionada. También demostró, sin embargo, la continuidad de movimientos organizados de actuación contra la Ertzaintza, vinculados al espectro abertzale. Son los que durante años foguearon a pie de calle a una Policía vasca que aspira ahora a incidir en otros objetivos, como la lucha contra la delincuencia. Por eso extraña la contundencia de sus últimas intervenciones.
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