Friday, April 27, 2012

The crisis asphyxia to saharauis

Lamina, Nayat, Hela, Salam y Duha tienen 11 años y comparten un pupitre para tres en la escuela de secundaria Simón Bolívar de Smara, uno de los cuatro campamentos de refugiados saharauis que existen en Tinduf (Argelia). El destino les ha jugado dos malas pasadas. Una, que a sus sonrisas infantiles les hayan salido unas manchas amarillas imborrables por culpa de la malnutrición.Otra: las cinco quieren ser médicas o profesoras, pero dicen saber que "nunca" conseguirán eso. "Porque en el Sáhara no hay nada ni se puede llegar a casi nada", suelta una con frialdad adulta. Un lamento que pueden verter en cuatro idiomas distintos.

No es fácil cumplir expectativas en los campamentos. Las cerca de 200.000 personas que los habitan dependen de la ayuda internacional para sobrevivir en este territorio del desierto argelino en el que permanecen exiliados desde 1976, después de que la colonia española donde habitaban pasase a manos de la Administración marroquí y marcase el comienzo de un conflicto bélico aún hoy abierto. Unas 90.000 soportan una situación crítica, según la [Agencia de la ONU para los Refugiados][1] (ACNUR).

Su falta de recursos dibuja un contexto límite que apenas permite desarrollar avances sociales más allá de la mera subsistencia. En especial, en materia educativa y sanitaria. En esta tierra de casas de adobe y jaimas, que aún confían en que sea de paso, no hay universidades, apenas existen profesores de secundaria y solamente disponen de ocho médicos. Circunstancias que, según la organización Médicos del Mundo, conllevan la "difícil resolución" de patologías de "fácil curación" en una sociedad donde abundan los problemas relacionados con la mala nutrición infantil y donde adquirir formación está a merced de las becas que decidan proveer terceros países.

Esta realidad se ha agravado en los dos últimos años a causa de la crisis económica que afecta a la mayoría de los países donantes. El goteo de ayudas que reciben los campamentos por parte de ACNUR, algunos Gobiernos y ONG —muchas sin previsión ni fecha fija—, se ha reducido en un 30% anual, según Salek Baba, ministro de Cooperación de la autodenominada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), algo que entierra las mínimas esperanzas de desarrollo.

"No hay más posibilidades", afirma el ministro, "el 50% de la asistencia internacional que se recibe se gasta en alimentar a la población, y aunque sanidad y educación son dos temas prioritarios y trabajamos duro en ellos, no disponemos de recursos ni de profesionales para mejorarlos mucho más".

El reflejo más directo de estas carencias es la falta de personal cualificado como médicos o educadores. Las oportunidades formativas para los saharauis se han reducido drásticamente tras la disminución de las becas que proporcionaban países amigos como Cuba, Argelia, Libia o Venezuela, quienes han recortado el número de plazas que les ofertaban. Además, muchos de los estudiantes que se formaban en terceros países acababan desempeñando su oficio en el extranjero atraídos por un sueldo digno, ya que la remuneración en los campamentos no supera los 30 euros mensuales para un maestro o los 90 que puede percibir un médico.

[1]: http://www.acnur.org/t3/

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