Sunday, April 15, 2012

Brick or ecology

En Baleares, la política se dirime en un choque directo entre las distintas maneras de ver el negocio del turismo y su desarrollo, en una naturaleza privilegiada de un territorio muy limitado, la isla. Contra la crisis, se impone la explotación del suelo. El poder regional impulsa por decreto el interés autonómico y la urgencia de la construcción de más hoteles en el litoral. La mecha la prendió el aval dado a un establecimiento gigante (1.200 plazas) al lado de la playa protegida por ley de Sa Ràpita, de un kilómetro de largo y 25.000 metros cuadrados de arena, rodeada de un bosque intacto.

Con casi un cuarto de la población activa en paro, la decisión del PP (en mayoría absoluta) representa un cambio total. En tiempos de crisis severa de la economía de servicios e inmobiliaria, se ha reabierto con crudeza el debate sobre las fronteras de la protección y el horizonte del crecimiento. El escenario del primer experimento son las playas de Sa Ràpita-Ses Covetes-Es Trenc.

La gran franja de arenal, el horizonte azul, blanco, verde de Es Trenc es una bandera ciudadana e internacional, que se salvó de la destrucción programada por la movilización social y política. Lo blindó el consenso de los partidos baleares y una ley autonómica de 1984. En sus alrededores están latentes tres macroproyectos más, parados en su día por la izquierda, un campo de polo, dos de golf y sendos hoteles.

El complejo avalado por el presidente balear, José Ramón Bauzá —uno de los cuatro hoteles, 10 campos de golf y seis puertos deportivos— estará ubicado en el borde del Área Natural de Es Trenc, de 1.500 hectáreas de extensión y más de cuatro kilómetros discontinuos de arena sin muros de cemento. El PP asegura que el hotel estará a cinco kilómetros de Es Trenc.

La memoria del visitante y del nativo se fija en las cinco playas intactas en el litoral público del latifundio, sin urbanizar y con 11 kilómetros de costa de Sa Vall y Sa Vallet, propiedad de los financieros Juan y Carlos March.

Los contrastes entre el hormigón y la naturaleza —el paraíso, una expresión de propaganda inmobiliaria actual cerca de Sa Ràpita—, pueden ser más rotundos. El paisaje libre, salvaje o rural, alterna con zonas turísticas residenciales, más o menos masificadas. Las dos monedas explican las dos opciones que polarizan el debate: crecer en territorios programados de la época desarrollista o reconvertir la planta actual y preservar el paisaje y el medio ambiente.

Hay que crecer y generar empleos de manera respetuosa, asegura el PP, que acusa a sus opositores de "demagogos", de optar por el crecimiento cero. Salvem Es Trenc, referencia de los años setenta, nuevamente rescatada. El director general balear del Territorio del PP, Juan Mesquida, lanzó una máxima combativa #salvemestrencdementiders (de mentirosos).

El diputado socialista y politólogo Cosme Bonet destaca que la opción de los March de no destrozar el entorno de una parte de Mallorca, contrasta con la postura de otros banqueros locales, menores, los Nigorra de Es Crèdit, que urbanizaron totalmente Santa Ponça de Calvià. "Basta ver con qué resultado". Bonet señala que la familia March "es discreta y mantiene una relación posfeudal con los vecinos, de Ses Salines y Santanyí, a los que dejan pasar por la finca hasta el mar". La escuela, la iglesia y la depuradora de Sa Colònia están en terrenos donados por sus ricos vecinos.

El Gobierno de Bauzá, los consejos insulares y la gran mayoría de los Ayuntamientos, han calentado el ambiente y han hallado resonancia internacional a sus propuestas de riesgo. El PP afirma que no cambia leyes sino que consolida situaciones urbanísticas anteriores o mal resueltas. Bauzá rechaza que "le den lecciones" de estima a su tierra y su cultura. En el Gobierno conservador se reprocha al PSOE y al PSM, que han gobernado ocho años en legislaturas alternas, de haber sido "los del no" a todo y por sistema, de espantar a los empresarios y congelar en la comisión de Medio Ambiente hasta 800 proyectos.

En tiempos de graves carencias en las economías privadas y las finanzas oficiales, el Gobierno balear anima el desarrollo al método antiguo y más oferta turística nueva es la propuesta de captar inversiones y crear puestos de trabajo. El objetivo es la construcción de más complejos residenciales y deportivos en zonas delimitadas. A la vez, se han legalizado urbanizaciones fallidas o bloqueadas. La oposición y los ecologistas consideran que Baleares regresa a la economía que fracasó, la del cemento y el ladrillo, que, suponen, perjudica la oferta turística de calidad.

Las calas que lindan con la enorme propiedad de los March de 2.800 hectáreas: Es Dolç, es Carbó petit y Es Carbó gran, Cala Tugores, y Es Caragol: suman 2,7 kilómetros de playa. Se hallan avanzando desde Sa Colònia, en el cono sur de Mallorca o entrando por la otra esquina, por las rocas desiertas por Es Cap Salines, ante el archipiélago del parque nacional de Cabrera.Intactas, con un fondo de kilómetros de terrenos de 'garriga' monte bajo y árboles, como en los tiempos de Ulises o el contrabando de tabaco.

Solo una de las playas Es Dolç, de 400 metros de largo, tiene un chiringuito desmontable porque linda con Sa Colònia y es casi urbana. Los banqueros y filántropos, con sus museos y la fundación March, decidieron no sacar réditos inmobiliarios a ésta y otros predios de Mallorca, que un siglo atrás años, su abuelo Juan March Ordinas adquirió a los nobles arruinados. Siendo ministro de Medio Ambiente, en 2000-2003, Jaume Matas programó construir paseo público por el litoral de Sa Vall que no se concretó.
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